La fiesta de Chaguaya

Jan Thomas, Lorena (la “mejor” amiga de Jan Thomas) y María (mamá de Lorena) en el patio de la iglesia.

Oscar, con su hija, buscando un lugar para comer.

El domingo 2 de septiembre, creo por primera vez, salimos acompañados por otra familia. La pasamos muy bonito. Fuimos a un pueblo llamado Chaguaya, famoso porque en su iglesia está la virgen de Chaguaya, a la cual los católicos tarijeños veneran. Incluso llegan hasta el pueblo caminando desde Tarija y es bastante lejos, como 1 hora y media en bus desde la terminal de buses.

El día estaba soleado y caluroso, creo que el primero así después de un par de meses con frío. Había un poco de viento pero era más bien refrescante, aunque para mi bebé talvez frío así que estaba bien cubierto.

Lo primero que hicimos al llegar fue sentarnos y beber jugo de caña. Habían varios trapiches y los niños se entretuvieron con el caballo que exprimía la caña.

Luego fuimos a la iglesia, había mucha gente, no pude entrar. Pero estuvimos en el patio y Lorena y Jan Thomas jugaban bajo la supervisión de María, Oscar y Jan, yo me quedé sentada con mi bebé.

Almorzamos en el pueblo, la infaltable sopa de maní de los domingos y chancho al horno, es uno de los platos preferidos de los tarijeños, no falta en ninguna fiesta. Jan Thomas tiene un buen apetito.

Pero la verdadera aventura comenzó cuando teníamos que volver. Llegamos a la parada y la cola para subir al micro tenía como una cuadra de largo. Mientras esperábamos pacientemente a que llegue un micro el sol nos azotaba, afortunadamente llevé sombrilla pero éramos 4 personas mayores y 3 bebés, la sombrilla no alcanzaba para todos, así que María, Lorena, Sebastian y yo nos salimos de la cola y nos fuimos a sentar a la sombra, los hombres grandes y Jan Thomas se quedaron a hacer cola con la sombrilla. Llegó un micro, pero por supuesto, no había esperanza de que nosotros entráramos, se llenó muy rápido. Varios minutos después llegó otro micro, tenía un poco de esperanza así que me acerqué a la cola. El micro se llenó y aún había mucha gente antes que nosotros. Volví a sentarme a la sombra. Pasaban varios autos que cobraban 50% más que los micros, así que muy poca gente se animaba a subir, preferíamos esperar bajo el sol.

Finalmente llegó el tercer micro y había bastante probabilidad de que nos tocara subir. Uno a uno fueron entrando los pasajeros, cuando llegó el turno de nuestros amigos (quienes estaban delante de nosotros) el chofer anunció que sólo quedaban dos asientos. Oscar dijo que María y yo podríamos ir sentadas con los bebés y él y Jan podrían ir parados; Jan dió un rotundo no y decidimos esperar el siguiente micro; pero apenas acabábamos de anunciar nuestra decisión el chofer gritó que ahora habían 4 asientos disponibles! Estuvimos a punto de ser los que se quedaron sin subir al esperado micro, a punto de ser los primeros en la cola.

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